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Tema de Controversia en Climaterio
Terapia Hormonal de Reemplazo y Cáncer |
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Worshop de Expertos de la Sociedad Internacional de Menopausia (IMS) llevada a cabo entre el 9 y 12 de junio del 2001 en la ciudad de Pisa, Italia.
Publicado en la revista Climacteric 2001; 4:181-93 en Septiembre y en Maturitas 2001; 40:117-30 |
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La terapia hormonal de reemplazo (THR) ofrece beneficios clínicos bien reconocidos para el alivio de los síntomas relacionados con la menopausia, lo que implica una mejora en la calidad de vida de la mujer. Además, previene la posibilidad de padecer de osteoporosis y enfermedad cardiovascular. Sin embargo, numerosos profesionales a la hora de prescribir THR, dudan, temerosos que como consecuencia de ello, pudiesen aumentar el riesgo en sus pacientes a padecer enfermedades malignas, específicamente tumores de mama y ginecológicos.
La comprensión de los eventos biológicos que participan en la carcinogénesis es esencial para investigar los mecanismos por los cuales las hormonas esteroideas sexuales pueden "favorecer" el riesgo a desarrollar algún tumor.
El mecanismo por el cual los estrógenos podrían estar involucrados o comprometidos en el desarrollo y progresión de tumores sería a través de la estimulación de las mitosis, induciendo la expresión de receptores de estrógenos (RE), de progesterona (RP) y promoviendo la vascularización.
Sin embargo, los estrógenos no producen mutaciones directas sobre el ADN, aunque estimulan la proliferación celular y de esa forma incrementan la posibilidad de que un error en la replicación del ADN, pudiese escapar a su reparación. |
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I - CARCINOGNESIS:
En esta sección se hace referencia a los principales mecanismos biológicos de carcinogénesis y el posible rol de las hormonas esteroideas sexuales. |
El cuerpo humano contiene una gran cantidad de moléculas que están involucradas en el control del proceso de proliferación y diferenciación celular. En condiciones normales, dicho proceso está mediado por la interacción de proteínas activadoras e inhibidoras. Así, los factores de crecimiento, los receptores de los factores de crecimiento, las proteínas G, las kinasas citoplasmáticas y las proteínas ligadoras del ADN, regulan la cascada de eventos que mantiene la progresión ordenada del ciclo celular, mientras que las proteínas supresoras de genes están involucradas en el control de la estabilidad genética o en la regulación negativa del crecimiento celular. La activación de diferentes oncogenes y la inactivación de numerosos genes supresores de tumores son necesarios para el desarrollo del fenotipo neoplásico completo. Ejemplo de un gen supresor de tumor es el p53, que codifica una proteína de su mismo nombre que actúa como "guardián de la integridad del genoma". Mutaciones de algunos oncogenes o genes supresores de tumor en células germinales pueden ser los responsables de algunos carcinomas.
La vida media de una célula está bajo el control del progresivo acortamiento de las secuencias de ADN localizadas en el final de los cromosomas, denominadas telómeros. Este proceso es normal, produciendo una inestabilidad cromosómica que deriva en la muerte celular. Los carcinomas se caracterizan por la inmortalidad celular, y por ende, carecen de la progresiva pérdida de telómeros. Esto se debe principalmente a la activación de la telomerasa, una enzima cuya función es la de elongar los telómeros.
En ciertos modelos estudiados se ha observado que la expresión ectópica de la enzima transcriptasa reversa telomerasa (hTERT) impide el acortamiento de telómeros y por lo tanto, facilita la inmortalidad celular, mientras que la inhibición de dicha enzima (hTERT) puede favorecer la regresión tumoral. Por lo tanto, la modulación de la actividad de la enzima telomerasa constituye un objetivo importante en el estudio de terapias moleculares futuras.
Tanto en líneas celulares de cáncer de mama como de endometrio, la progesterona ha mostrado inducir significativamente la expresión del ARNm de la hTERT, luego de una exposición corta, e inhibir la activación de esta enzima inducida por los estrógenos, luego de una exposición larga. Los estrógenos estimulan la actividad de la telomerasa (enzima que elonga los telómeros e impide la apoptosis). Sin embargo, el significado biológico de estas observaciones no ha sido aún evaluado.
Asimismo, gran cantidad de factores de crecimiento y sus receptores influyen en la conducta biológica de las células tumorales y podrían explicar el proceso de metástasis en diferentes carcinomas. Por ejemplo, los receptores tirosina kinasa para los factores de crecimiento son blancos definidos en la intervención terapéutica. Anticuerpos monoclonales contra el receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGF-R) y los inhibidores de la tirosina kinasa están actualmente bajo investigación como nuevas herramientas farmacológicas capaces de bloquear la proliferación de células malignas.
Las metaloproteasas de la matriz (MMPs) constituyen una familia de endopeptidasas capaces de degradar componentes de la matriz extracelular. Son reguladas a nivel de la transcripción por una gran diversidad de factores de crecimiento, citoquinas y moléculas de adhesión. Los tumores han mostrado expresar en más las MMPs, las cuales parecen estar involucradas en la invasión tumoral y en la génesis de metástasis. Las MMPs también contribuirían a la iniciación tumoral, regulando el acceso de los factores de crecimiento desde la matriz extracelular que, rodeando al tumor, favorecen la neoangiogénesis. Un dato interesante es que en algunos modelos experimentales el estrógeno y la progesterona han mostrado regular la expresión de las MMPs.
El crecimiento de los tumores malignos requiere del desarrollo vascular, siendo esta angiogénesis modulada por numerosos factores de crecimiento producidos por el propio tumor o por la célula huésped, tal como el factor de crecimiento fibroblástico (bFGF) y el factor de crecimiento del endotelio vascular (VEFG). Los estrógenos estimulan la expresión de diferentes subtipos de VEFG y la progesterona suprime esta acción en la célula tumoral del endometrio. |
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II - CANCER DE MAMA |
La edad promedio de cáncer de mama en el mundo es de 35.6 por 100.000 mujeres aunque esta cifra varía sustancialmente en los diferentes países y aún en diferentes grupos étnicos dentro de un mismo país. Gran cantidad de estudios experimentales y epidemiológicos avalan la relación entre las hormonas esteroideas sexuales y la carcinogénesis mamaria.
Hay una clara asociación entre los niveles de estrógeno y progesterona y la proliferación celular en mujeres que menstrúan normalmente. Los niveles séricos de estas hormonas son mayores en mujeres con riesgo elevado de padecer cáncer de mama con relación a las que tienen riesgo bajo.
Más allá de la historia familiar y el consumo de alcohol, se considera como un factor de riesgo importante para el desarrollo de cáncer de mama la exposición a los esteroides sexuales, incluyendo la edad de menarca, menopausia tardía, nuliparidad, primer embarazo a edad tardía y la obesidad luego de la menopausia. El aumento del riesgo en este último grupo se debería a la aromatización de los andrógenos en el tejido adiposo.
La expresión de receptor estrógenico (RE) positivo en el tumor, ocurre en el 60% de los carcinomas de mama. La presencia del RE sirve como pronóstico para la sobrevida y la elección de la terapéutica endócrina.
La concentración de estrógeno en el tejido mamario es mayor que en el plasma, debido a que existe una producción local, a través de diferentes vías enzimáticas. Las principales enzimas involucradas en este proceso son las sulfatasas y las aromatasas, siendo las primeras el principal grupo de enzimas que se expresan en el tejido mamario. Las enzimas inhibidoras de la aromatasa actúan en parte inhibiendo la síntesis de estrógenos dentro del tumor. La actividad de las sulfatasas en el tejido mamario es disminuida por los antiestrógenos, ciertos progestágenos y la tibolona, aunque el significado clínico no ha sido aún esclarecido.
Estudios in-vitro indican que el factor de crecimiento insulino-símil tipo1 (IGF-1) es un potente mitógeno para muchas líneas celulares mamarias. Altas concentraciones de IGF-1 en mujeres premenopaúsicas representan un reconocido factor de riesgo para el desarrollo de cáncer de mama. La THR puede modular el sistema de las IGFs dependiendo del tipo y ruta de administración (oral, transdérmica o intranasal). Sin embargo, la relevancia clínica de este hecho no está actualmente aclarada.
La progesterona parecería ejercer una serie de variados efectos antiestrogénicos. De hecho, puede modular en menos el RE, aumentar la expresión de las enzimas: 17b hidroxiesteroide dehidrogenasa (enzima que convierte el estradiol en estrona) y sulfotransferasa (que convierte estrona en sulfato de estrona) para, finalmente, inducir la apoptosis de la célula mamaria.
Por otra parte, las mujeres que presentan mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2 tienen un elevado riesgo de desarrollar cáncer de mama. Ambos son genes supresores de tumores y están involucrados en la reparación y la regulación del número de centrosomas del ADN. La pérdida del BCRA1 se asocia con: alto grado mitótico, falta de expresión de RE y RP e inestabilidad cromosómica.
La presencia de mutación del BRCA1 ó BRCA2 se asocia con un aumento del riesgo de cáncer de mama a la edad de 40 años del orden del 40% y 20% respectivamente y calculado para la edad de 80 años el riesgo asciende a 65% y 80% respectivamente. De cualquier forma, la utilidad clínica de identificar mutaciones en cada individuo está siendo actualmente evaluada.
Tanto las estrategias farmacológicas o quirúrgicas propuestas son tema de amplia controversia hoy en día. Dentro de lo que se llama quimioprevención se ha propuesto el uso de tamoxifeno en mujeres de alto riesgo. El estudio americano que siguió a más de 13.000 mujeres con alto riesgo a las que se le administró tamoxifeno mostró un descenso del 50% en el riesgo de carcinoma de mama invasivos y no invasivos. Otros dos estudios europeos no encontraron los mismos resultados aunque tenían una población de estudio más reducida. Los datos más recientes del estudio italiano, luego de 8 años de seguimiento, muestran un beneficio tardío del tamoxifeno comparado con el placebo y confirma dicho beneficio cuando utilizan tamoxifeno asociado a THR. Sin embargo, el uso de tamoxifeno no carece de efectos indeseables, ya que se ha observado un aumento en los eventos tromboembólicos, diabetes y cáncer de endometrio.
En un estudio diseñado para evaluar riesgo de fractura por osteoporosis, el uso de raloxifeno se asoció con una disminución del 76% en la incidencia de cáncer de mama y un 90% de reducción en la incidencia de cáncer de mama con RE positivo.
De todas maneras, estos datos deberán confirmarse en un nuevo trabajo diseñado específicamente para ello y que actualmente está en curso.
Por otra parte, las mujeres que transitan su etapa fértil presentan una densidad mamaria mamográfica estrechamente asociada con su ciclo menstrual. De igual manera, la THR puede ejercer sobre el tejido mamario efectos similares, resultando de ello un aumento en la densidad mamográfica en las usuarias postmenopaúsicas de THR en comparación con las no usuarias. Sin embargo, no existen datos que confirmen que los cambios de densidad inducidos en el tejido mamario, se correlacionen con un aumento de cáncer de mama.
La asociación entre la administración de hormonas y aumento en el riesgo de cáncer de mama es biológicamente posible. Los datos experimentales son bastante conflictivos y la magnitud del aumento en el riesgo no es constante en todos los estudios, por lo que la relevancia clínica es aún incierta.
La evidencia actual es insuficiente para poder determinar si las diferentes preparaciones hormonales, las distintas vías de administración, dosis o distintos progestágenos tienen efectos más o menos favorables sobre la mama.
Sabemos que el riesgo de cáncer de mama aumenta desde el basal individual en un 2.3% por cada año de uso de THR. Similar riesgo se aplica en el caso de la mujer con menopausia tardía, para la cual se estima un 2.8% anual. El exceso acumulativo (en números reales) de cáncer de mama diagnosticado debido al uso de THR es el siguiente: cada 1.000 mujeres que comenzaron con THR a la edad de 50 años y la usaron por 5, 10 y 15 años se estima un exceso de 2, 6 y 12 carcinomas de mama respectivamente. Sin embargo, de los estudios se desprende que este incremento parecería estar limitado sólo a mujeres delgadas.
Otro dato a tener en cuenta: los tumores diagnosticados durante el uso de THR tienen RE positivo y son menos agresivos. La mayoría de los trabajos coinciden en que la mortalidad por cáncer de mama no se ve aumentada en las usuarias de THR.
En los últimos tiempos hay evidencia que relaciona a la combinación de estrógeno y progesterona en la THR con índices de cáncer de mama mayores que cuando se usan estrógenos solos. También el efecto sobre el tejido mamario al utilizar esquemas combinados ya sea continuo o secuencial es aún controvertido.
Algunas mujeres que han sido tratadas por carcinoma de mama ven un deterioro importante en su calidad de vida, por lo que sólo en un limitado número de mujeres se podría evaluar el uso de THR con consentimiento informado. Los estudios de observación hasta el momento no han mostrado un impacto negativo sobre la recurrencia o mortalidad de la enfermedad, aunque es necesario planificar estudios especialmente diseñados para ello.
Por último, hay que recordar que la THR está contraindicada en mujeres que han padecido cáncer de mama. |
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III - CANCER DE ENDOMETRIO |
La edad promedio en el mundo de la incidencia de cáncer de endometrio es de 6.4 mujeres por 100.000 mujeres.
Hay dos tipos de carcinoma de endometrio. El tipo I (adenocarcinoma) representa el 80% de todos los carcinomas, ocurre principalmente en la peri y postmenopausia temprana y se relaciona con la exposición a los estrógenos y con la hiperplasia endometral. Es generalmente de buen pronóstico.
El tipo II (carcinoma seroso o de células claras) se desarrolla habitualmente luego de la menopausia, tiende a ser más agresivo y está frecuentemente asociado a mutaciones de la p53.
Tanto el estrógeno como la progesterona son reguladores endocrinos del crecimiento y función del endometrio. También existen una gran cantidad de factores, como el IGFs,
(factor de crecimiento insulino-símil), el cual, en parte está controlado por los esteroides sexuales ováricos ya sea estimulando o inhibiendo el crecimiento celular del endometrio.
El receptor al IGF se expresa tanto en el epitelio como en el estroma endometrial.
La síntesis del IGF1 en las células del estroma endometral es estimulada por los estrógenos y es más abundante en la fase proliferativa y secretoria temprana del endometrio, mientras que la síntesis de IGF2 en el estroma aumenta durante la fase secretora media y tardía. Por otra parte, la síntesis de la proteína ligadora de IGF1 (IGF-BP-1) es inducida por la progesterona, los glucocorticoides, la hipoxia e inhibida por la insulina.
Las condiciones clínicas relacionadas con el aumento del riesgo endometral, como los ciclos anovulatorios, la administración de estrógenos sin oposición o la insulinoresistencia, se caracterizan por concentraciones bajas o ausentes de IGF-BP-1. Estos datos sugieren que el aumento de la IGF-1 (por una disminución de su proteína ligadora) podría tener un rol en el desarrollo del carcinoma de endometrio.
La administración de estrógeno sin oposición se asocia con un elevado riesgo de cáncer de endometrio, si bien este riesgo es directamente proporcional a la duración de la terapia, no está claramente relacionado con la dosis empleada. Aún cuando dicho riesgo disminuye luego del cese de la terapia, sigue siendo elevado hasta casi diez años después de su interrupción. Sin embargo, el exceso de riesgo en morbilidad no se asocia con un aumento de riesgo en mortalidad.
Para las usuarias actuales de THR el riesgo relativo por cada año de uso es de 1, pero luego de 10 años se eleva a 10 en comparación con las no usuarias. Por este motivo, el agregado de progesterona es obligatorio para impedir la proliferación del endometrio en mujeres con útero intacto. La duración del gestágeno como así también la dosis es importante. Por ejemplo: para un régimen continuo de estrógenos por 28 días el suplemento de progesterona no puede ser menor a diez días mensuales. Aún así, existe un riesgo aumentado en 2 a 3 veces en comparación con las no usuarias de THR. Por eso es que dependiendo del tipo de gestágeno elegido, de la potencia y de su vida media, el uso durante 10 a 12 días mensuales disminuye el riesgo de cáncer de endometrio.
Diferentes SERMs (moduladores selectivos de los receptores estrogénicos) poseen distintas acciones sobre el endometrio: por ejemplo, el tamoxifeno se asocia con un mayor riesgo de hiperplasia endometral y cáncer, mientras que la administración de raloxifeno por largo tiempo no induce proliferación endometral. La tibolona (esteroide sintético) por ahora no ha mostrado causar proliferación del endometrio según se describe en los últimos estudios publicados.
Por último, si bien la prescripción de THR en mujeres con antecedentes de carcinoma de endometrio es generalmente considerado una contraindicación, se ha observado una disminución en el riesgo de recurrencia en carcinomas de bajo riesgo tratadas con THR. Por lo tanto, a pesar de los riesgos, algunas mujeres que han sido refractarias a otros tratamientos por su síndrome climatéricos podrían ser consideradas a utilizar THR con consentimiento informado y evaluación de riesgo/beneficio. |
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IV - SARCOMA DE BAJO GRADO DEL ESTROMA ENDOMETRAL |
Su incidencia es muy baja (0.2 por 100.000 mujeres). Está relacionado con hiperestrogenismo exógeno o endógeno. Aún en mujeres con estadíos I y bajo grado, se observa un alto índice de recurrencia en los casos con tejido residual ovárico, con relación a las que fueron tratadas con ooforectomía bilateral. Constituye una contraindicación a la THR. |
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V - CANCER DE COLON |
La incidencia de esta enfermedad en mujeres es de aproximadamente 14.4 por 100.000 mujeres en el mundo. En los países con estilo de vida occidental, constituye la tercera causa de muerte por cáncer en hombres y mujeres. La vida sedentaria, la ingesta abundante de grasas saturadas, el consumo de alcohol y el hábito de fumar se asocian positivamente con esta enfermedad. Por el contrario, una dieta rica en fibras, el consumo de frutas y vegetales pueden ofrecer cierta protección. Algunos estudios mencionan un potencial rol protector para el calcio, la vitamina E y el selenio.
El cáncer de colon, así como otras neoplasias epiteliales, sobre-expresan el gen de la ciclooxigenasa tipo2 (COX2) con la consiguiente elevada concentración de prostaglandinas E2 y F2a. La sobre-expresión de la COX2 se asocia con inhibición de la apoptosis, inhibición de la diferenciación celular e incremento de la angiogénesis. Por ello, las drogas antinflamatorias no esteroideas parecerían tener un rol protector en el desarrollo del cáncer de colon.
También se ha propuesto a los estrógenos como protectores en la génesis del carcinoma de colon aunque esta afirmación se encuentra bajo estudio.
En el colon normal hay REa y b, siendo este último el que predomina. En estudios in vitro, los estrógenos reducen la metilación del RE (hecho que constituye uno de los eventos tempranos en la carcinogénsis colorectal) e inhiben la proliferación celular. También se ha observado que los estrógenos aumentan la expresión del receptor de Vitamina D y sus análogos, los cuales han demostrado ser potentes agentes antitumorales y favorecer la diferenciación celular en numerosos tipos celulares, incluyendo las células del colon.
De todas formas, el aumento en la actividad del receptor de Vitamina D podría constituir uno de los mecanismos por los cuales el estrógeno protegería contra el desarrollo del carcinoma de colon. Hay que recordar que asimismo los estrógenos y gestágenos exógenos disminuyen la producción de bilis, lo que reduce la irritación crónica sobre la mucosa colónica.
Los estudios observacionales sugieren un 30% de reducción de carcinoma de colon entre las usuarias de THR.
También se ha observado una disminución en la aparición de pólipos colorectales. La protección parecería relacionarse en forma directamente proporcional con la duración de la THR, siendo mayor en usuarias de muchos años. Sin embargo, no hay evidencia concluyente acerca de la influencia que pudiera tener la elección de una determinada ruta de administración o en la dosis elegida en la THR.
Para finalizar, se concluye que no hay contraindicación en utilizar THR en mujeres con antecedentes de carcinoma de colon. |
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VI - MELANOMA |
La incidencia anual de melanoma varía en los diferentes países del mundo desde 2 casos en España hasta 20 casos en Australia cada 100.000 mujeres. La predisposición genética y la exposición a los rayos ultravioleta juegan un rol importante en su génesis. Sin embargo, hay datos contradictorios respecto al papel que tienen las hormonas en el riesgo de padecer esta enfermedad.
Numerosos trabajos y estudios hechos en líneas celulares de melanoma, fallaron en demostrar que los estrógenos promovieran un efecto proliferativo. Los anticonceptivos orales (ACO) tampoco demostraron aumentar el riesgo de melanoma y por ese motivo se los ha sacado de la lista de contraindicaciones para las mujeres que fueron tratadas por esta enfermedad.
La THR en la menopausia no aumenta el riesgo de melanoma y puede indicarse en mujeres que han sido previamente tratadas por esta enfermedad. |
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VII- CANCER DE OVARIO EPITELIAL |
La incidencia de cáncer de ovario en el mundo es de 6.5 por 100.000 mujeres. El tipo histológico epitelial constituye el 90 % de los casos, siendo un tumor de mal pronóstico en parte porque se diagnostica generalmente en un estadío avanzado de la enfermedad. Los estudios han demostrado que el uso de ACO reduce significativamente el riesgo de cáncer de ovario como así también ha sido descripto un leve aumento del mismo en aquéllas mujeres con problemas para lograr un embarazo y que han usado drogas para estimular la ovulación siendo esto último motivo de controversia.
La protección observada en las usuarias de ACO también se extiende para los casos de carcinomas familiares.
La evidencia de una posible relación de cáncer de ovario entre las usuarias de THR es menos consistente en comparación con el cáncer de mama y endometrio. La mayoría de los datos excluyen cualquier asociación directa entre THR y riesgo de carcinoma de ovario.
Sin embargo, un trabajo que analizó cuatro estudios europeos basados en 1470 casos de cáncer de ovario encontraron un riesgo relativo (RR) de 1.71 para las usuarias de THR, una débil asociación positiva en relación del tiempo de uso y que el riesgo declinaba al suspender su uso. Otro estudio americano sobre 211.581 mujeres postmenopáusicas que utilizaron estrógenos sin oposición por más de 10 años, concluye que el uso de estrógenos se asoció a un aumento del riesgo de mortalidad por cáncer de ovario entre 1.59 y 2.2.
Poca información hay respecto a agregado del progestágeno en el esquema de THR. De hecho, en un estudio cohorte realizado en Gran Bretaña como en otro realizado en diferentes sitios de los Estados Unidos, no mostró asociación entre el uso de estrógeno y progesterona y cáncer de ovario. Tampoco se ha observado aumento en el riesgo de recurrencia de la enfermedad o aumento de los índices de mortalidad en estudios retrospectivos basados en mujeres que han padecido la enfermedad y que recibieron posteriormente THR.
Por lo tanto, hasta el momento, no hay datos que justifiquen la recomendación de contraindicar el uso de THR en mujeres sobrevivientes con diagnóstico de cáncer de ovario epitelial. Sin embargo, es bien conocido el hecho que el tamoxifeno puede estabilizar el carcinoma de ovario avanzado hasta en un 30% de las pacientes y que no se puede excluir la posibilidad que la THR pudiese estimular el crecimiento de enfermedad metastásica en mujeres con RE positivo.
Se concluye que son necesarios nuevos estudios que pongan especial atención en la presencia del receptor hormonal y su función |
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VIII- RESUMEN: |
- Las hormonas esteroideas sexuales no dañan el ADN en forma directa. Pueden estimular o inhibir la proliferación celular y de esa forma, modular la progresión del desarrollo tumoral.
- Las usuarias de THR o las que abandonaron entre 1 a 4 años previamente, presentan un RR incrementado por un factor de 1.023 por cada año de uso de terapia, el cual comparable con el que tienen las mujeres con menopausia tardía y que parecería estar limitado a mujeres delgadas. De todas formas, los carcinomas de mama diagnosticados durante el uso de THR son menos agresivos y tienen RE positivo. Asimismo, los estudios muestran que la mortalidad por esta enfermedad no aumenta cuando se presenta en una usuaria de THR. El efecto de los gestágenos aún no ha sido clarificado.
A pesar de los riesgos potenciales, la THR podría ser considerada para aquéllas mujeres con síndrome climatérico refractario a tratamientos alternativos, luego de consentimiento informado y particularmente para mujeres con RE negativo.
- La terapia sustitutiva con estrógenos sin oposición aumenta el riesgo de cáncer de endometrio y sólo es apropiada para mujeres sin útero. Si bien la THR es generalmente una contraindicación, podría ser considerada para mujeres con síntomas menopaúsicos que no respondan a tratamientos alternativos luego de consentimiento informado.
- Los datos actuales sugieren una reducción en el riesgo de cáncer colorectal para las usuarias de THR, aunque se necesitan más estudios para afirmarlo. Por el momento, podemos decir que el diagnóstico de esta enfermedad no constituye una contraindicación para la indicación de THR.
- Estudios sobre THR y riesgo de carcinoma de ovario epitelial han producido resultados conflictivos, si bien la mayor parte de ellos parecen excluir algún tipo de asociación. Si bien no disponemos de datos que contraindiquen la THR en mujeres sobrevivientes a esta enfermedad, los estudios actuales no nos permiten excluir la posibilidad que el uso de estrógenos solos pudiesen estimular el crecimiento tumoral ovárico en un grupo reducido de pacientes, por lo que se requieren estudios adicionales en este tópico.
- Finalmente, es importante considerar que todos los estrógenos y los gestágenos no son iguales, ni se usan en la misma dosis o vía de administración (oral, intranasal, transdérmico) y que los diferentes estrógenos utilizados en THR no muestran la misma biodisponibilidad o efecto tisular. Los datos actuales no nos permiten discriminar todas estas variables y por eso, es inapropiado considerar juntas todas las formas de hormonoterapia.
- La Sociedad Internacional de Menopausia está actualmente en proceso de delinear recomendaciones específicas para el área de futuras investigaciones en el campo de THR y cáncer.
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Nota: Este artículo es una fiel reproducción del que se encuentra en las revistas mencionadas al comienzo del mismo y no incluye ningún comentario personal. |
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Dra. Alejandra Belardo |
Médica Ginecóloga. Especialista en Endocrinología Ginecológica y de la Reproducción.
Médica de la Sección Climaterio del Servicio de Ginecología del Hospital Italiano de Buenos Aires.
Miembro de AAPEC y de NAMS.
Correo electrónico: alebelardo@uyuyuy.com |
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