Guía Nacional de Tratamiento de la adicción al tabaco. Ministerio de salud y Ambiente de la Nación; 2005
El desarrollo de esta guía forma parte del Programa Nacional de Control de tabaco. Se basa en la mayor evidencia bibliográfica posible y en una reunión de consenso nacional.
El tabaquismo es la principal causa de muerte prematura evitable. En Argentina fuma el 34% de la población adulta, el 23% de los adolescentes de 12 a 14 años y el 40% de adolescentes entre 15 y 18 años. El porcentaje de fumadores entre los profesionales de la salud es similar a la población general.
Existen recomendaciones que el médico puede realizar en el consultorio que incrementen la población de fumadores que dejen el tabaco. Se recomienda interrogar a toda persona que consulta sobre el consumo de tabaco, registrarlo sistemáticamente y brindar un breve consejo para dejar de fumar. Cuando el consejo es brindado por el médico, la tasa de cesación se incrementa en un 2,5%. Es eficaz relacionarlo en forma personalizada con alguna característica de la salud del paciente.
Para evaluar si existe motivación para dejar de fumar se puede utilizar el siguiente modelo, que separa en etapas la motivación:
Etapa de pre-contemplación: los fumadores no conocen o no consideran tener problemas con la adicción y no contemplan la posibilidad cierta de dejar de fumar.
Etapa de contemplación: los fumadores reconocen tener un problema físico o psíquico causado por la adicción pero se muestran ambivalentes ante la decisión de cambio.
Etapa de preparación: la ambivalencia se va transformando en determinación para cambiar y aparece un plan para dejar de fumar.
Etapa de acción: el fumador puede entrar en acción y modificar su conducta respecto de su adicción.
Etapa de mantenimiento: la persona desarrolla estrategias para manternse sin fumar.
Etapa de recaída: el adicto vuelve a fumar, hecho altamente frecuente como parte del proceso de recuperación.
Las intervenciones deben ser adecuadas a cada etapa del cambio. Estas pueden ser evaluadas de la siguiente manera:

Las intervenciones en los fumadores que no están listos para dejar de fumar fortalecen la motivación y la reflexión para y facilitan el acercamiento a la desición para dejar de fumar.
En aquellos fumadores que no están listos para dejar de fumar, deben realizarse preguntas abiertas, que favorezcan la elaboración y la reflexión, jerarquizando las razones personales para dejar de fumar y focalizando los beneficios de dejar de fumar. Si existen obstáculos para dejar de fumar, intentar pensar soluciones para los mismos.
En aquellas personas que están listas para dejar de fumar, se debe realizar una intervención psico-social y ofrecer los tratamientos farmacológicos.
Es útil establecer una fecha de abandono total, con mayores tasas de efectividad que la disminución paulatina. Los grupos de apoyo se basan en la teoría cognitivo conductual, que consiste en desarrollar una serie de habilidades que contribuyan a modificar el patrón de conducta en torno al consumo. Aquí el fumador debe aprender a resistir la compulsión por fumar, rompiendo la fuerte asociación entre situaciones gatillo y sustituyéndolas por acciones concretas. Identificar cual es la situación en particular que dispare la complusón a fuma: si son las situaciones de stress, el estar con otros fumadores, tomar alcohol o café, etc; e implantar acciones sustitutivas, como salir a caminar, tomar agua helada, bañarse, lavarse los dientes, etc.
Se considera éxito del tratamiento a la permanencia de la abstinencia durante al menos 1 año. La recaída, sin embargo, es altamente frecuente (entre un 70 y 80% recae al año), debe considerarse como un proceso normal del cese del consumo de tabaco.
La intervención farmacológica duplica la efectividad de las estrategias psicosociales, pero no debe utilizarse como única herramienta. En este grupo se incluyen los sustitutos nicotínicos (parches, chicles, spray nasa) y el bupropion. Esta droga es un antidepresivo atípico, que incrementa la concentración de dopamina en el espacio presináptico, ayudando a controlar los síntomas de la abstinencia.
Como segunda línea se encuentran la clonidina y la nortriptilina.
Existe insuficiente evidencia para recomendar el uso de ansiolíticos, antagonistas nicotínicos, opioides, acetato de plata, auriculoterapia, acupuntura, láser terapia o electroestimulación.
Conclusiones generales
La dependencia al tabaco es un problema de salud crónico y a menudo requiere intervenciones repetidas a lo largo del tiempo, así como un equipo de salud involucrado en la problemática. Las intervenciones breves son efectivas y de alto alcance poblacional, por lo que todo fumador debe recibir, al menos, esta alternativa de tratamiento.
Existe un tratamiento efectivo con altas tasas de éxito para dejar de fumar, por lo que el ginecólogo puede poner estas medidas simples en funcionamiento en su consultorio y derivar a los equipos especializados en esta área a todo paciente que manifieste su deseo de dejar de fumar.
Dra. Fabiana Saiegh |